viernes, 8 de noviembre de 2013

Las fases de la retinopatía diabética




El 14 de noviembre celebramos el Día Mundial de la Diabetes. Esta enfermedad ocasiona en Canarias un alto número de complicaciones en la salud. De hecho, nuestra Comunidad ocupa el primer lugar en España en problemas derivados de esta patología. Los ojos son extremadamente sensibles al efecto de la diabetes. Por ello, la detección precoz y el seguimiento de la enfermedad son vitales para no sufrir ceguera. Algunas consecuencias asociadas son la retinopatía diabética, el glaucoma o la catarata. En Eurocanarias Oftalmológica tenemos muy en cuenta los antecedentes médicos de nuestros pacientes, con el fin de realizar los seguimientos adecuados para evitar problemas como los mencionados. Sin duda la enfermedad más grave es la retinopatía diabética.


La retinopatía diabética

Generalmente la retinopatía diabética afecta a ambos ojos y ocurre cuando los pequeños vasos sanguíneos de la retina son dañados a causa de la diabetes.

La retinopatía diabética tiene cuatro etapas:

1.- Retinopatía no proliferativa ligera. Es la etapa más temprana de la enfermedad en la que aparecen los microaneurismas. Estas son pequeñas áreas de inflamación, que parecen ampollas, en los pequeños vasos sanguíneos de la retina. Esas alteraciones vasculares no funcionan adecuadamente por lo que pueden liberar elementos sanguíneos que se depositan en la retina (exudados) o que la “encharcan” (edema).

2.- Retinopatía no proliferativa moderada. Según avanza la enfermedad, algunos vasos sanguíneos que alimentan la retina se obstruyen.

3.- Retinopatía no proliferativa severa. En esta etapa muchos más vasos sanguíneos se bloquean, haciendo que varias partes de la retina dejen de recibir sangre. Entonces estas áreas de la retina envían señales al cuerpo para que haga crecer nuevos vasos sanguíneos.

4.- Retinopatía proliferativa. En esta etapa avanzada, las señales enviadas por la retina para alimentarse causan el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Estos nuevos vasos sanguíneos son anormales y frágiles. Crecen a lo largo de la retina y de la superficie del gel vítreo, el gel incoloro que llena el interior del ojo. Por sí mismos, estos vasos sanguíneos no causan ningún síntoma o pérdida de la visión. Sin embargo, tienen paredes muy delgadas y frágiles. Si llegaran a gotear sangre, podría haber una pérdida severa en la visión o incluso causar ceguera.